Están Entre Nosotros… Atención en salud y población LGBTIQ+

Actualizado: ago 2



Así es, estamos entre ustedes y somos una parte más de esta sociedad. Según la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS 2015), en Colombia aproximadamente un 0.4 % de mujeres y 1.2% de los hombres se declaran cómo homosexuales. Adicionalmente, 0.6% de los hombres y las mujeres se declaran bisexuales. Si hacemos cuentas rápidas eso corresponde a un aproximado de 1 millón y medio de personas que en el territorio nacional se identifican como parte de la comunidad LGBTIQ+ (el término LGBTIQ+ está formado por las siglas de las palabras lesbiana, gay, bisexual, transgénero, intersexual y queer). Esto, claramente sin contar a la población con otro tipo de orientación sexual y la población transexual o con identidad de género fluida, ya que la encuesta no abarcaba todas estas posibilidades.


Entonces sí, estamos entre ustedes y ese millón y medio de personas también comemos, dormimos y trabajamos como cualquier otra persona que respira y deambula en esta piedra giratoria en la mitad del espacio. Y no solo eso, también nos enfermamos y necesitamos de un servicio de salud que nos atienda y cuide de nosotros además de entendernos.


Ahora bien, ¿Han tenido ustedes alguna vez miedo de ir al médico? Me imagino que sí... Las personas que asisten al médico usualmente están enfermas y suelen temer por un diagnóstico desafortunado, o bien por el hecho de que los procedimientos que se requieran para el diagnóstico o tratamiento de las patologías que los aquejan sean dolorosos. Pues bien, imagínense tener ese miedo y adicionalmente no poder ser completamente honesto con su médico o personal de salud en general (los encargados de su bienestar), por miedo a no recibir una atención oportuna y de buena calidad. ¿Pero por qué no la recibiría?


Esta brecha en la prestación del servicio de salud se fundamenta en la estigmatización de la población LGBTIQ+ como lo describe el libro “The Health of Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender People: Building a Foundation for Better Understanding (2011)”. Según este texto la población LGBTIQ+ se enfrenta constantemente a barreras de acceso que son de dos tipos: personales y estructurales. Las barreras personales se asocian a actitudes, creencias y comportamientos del personal frente a las personas LGBTIQ+, y son alimentadas por la estigmatización social. Las barreras estructurales son independientes del personal de salud e incluyen problemas como la afiliación al sistema o beneficios secundarios a compromisos contractuales como el matrimonio que en muchos lugares del mundo no es permitido. Todo esto sin siquiera tener en cuenta los países donde todavía se persigue, encarcela e incluso se aplica la pena de muerte a la comunidad LGBTIQ+, donde las dificultades de acceso al servicio son más que evidentes. No suena tan divertido ¿verdad?, llegar a un centro de salud probablemente adolorido o con malestar y encontrarse con un sistema que además de no resolver su queja principal, lo discrimina, estigmatiza, o en su defecto no sabe como dirigirse a usted.


Me tomaré la libertad de desviarme un poco e incluir una anécdota en esta parte del texto. Para contextualizar un poco, soy médico y durante mi formación, en mis prácticas clínicas desafortunadamente me enfrenté a situaciones de discriminación, estigmatización y mala atención en salud por parte de lo que yo llamaría: “la antítesis de modelos a seguir”. Recuerdo un caso en particular, cuando a una mujer transgénero cuyo nombre de nacimiento era masculino (se cambiarán los nombres por cuestiones de privacidad) la llamaron por el parlante como Duván. Este era el nombre que aparece en su historia clínica digital, su nombre de nacimiento. Ella llegó al consultorio y nos encontramos con una mujer cuyo nombre era María. Nos informó que prefería ser llamada María y que prefería que se dirigieran a ella en femenino, cosa que se consignó en la historia clínica y se finalizó la consulta. Más tarde se requería que María se acercara a la central de enfermería para administrarle sus medicamentos, sin embargo, se le llamó por el altoparlante de nuevo como Duván a pesar de que ya estaba la aclaración en la historia clínica. Se habló con el personal de enfermería, a quienes, por supuesto no culpo por esta situación, y quienes argumentaban que no se podía realizar la doble verificación de la paciente con un nombre que no correspondía al registrado en su historia clínica. Entonces, María debía seguir respondiendo al nombre de Duván para poder administrarle sus medicamentos. Finalmente se llegó al acuerdo de realizar el proceso de doble verificación con el número de documento de identidad de la paciente y continuar dirigiéndose a ella como María (y en femenino siempre).


No culpo al personal de salud, ni a los participantes de su atención por este error y por la probable incomodidad ocasionada a María. El verdadero problema de esta situación nace en la educación del personal de salud. Lastimosamente no encontré bibliografía que hablara de la situación en Colombia específicamente pero si este artículo “A Systematic Review of UK Educational and Training Materials Aimed at Health and Social Care Staff about Providing Appropriate Services for LGBT+ People” cuya conclusión es bastante preocupante debido a que, según este, el material educativo y las oportunidades para que el personal reciba educación en atención a población LGBTIQ+ existen, y aun así se siguen reportando casos de homofobia y heteronormatividad en la atención de los pacientes. Entonces ¿qué estará pasando?, ¿será que el material no es suficiente, o la comunicación y difusión de este no es la adecuada?


La realidad es que esta es una problemática que debe ser abordada por todas las instituciones. Las de educación superior (que son las que forman el personal de salud) y las prestadoras del servicio de salud, encargadas de crear protocolos y rutas de atención que aseguren un servicio de calidad; como se discute en el artículo: “Sexual orientation disclosure in health care: a systematic review”. Seamos conscientes de que equidad e igualdad no son sinónimos y que cada población tiene necesidades diferentes, por tanto, deben ser abordadas de forma diferente para alcanzar el más alto nivel de calidad en la atención de todos.


Invito al personal de salud a debatir más acerca de este tema y a hacer un llamado general a todo el sistema de salud y seguridad social. No hay excusa para brindar una atención de mala calidad a ningún paciente. ¡Estamos entre ustedes y como ustedes merecemos una atención buena, oportuna, humana y de calidad! Una atención que nos asegure “Salud” tal y como está consignada la definición por la OMS «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades» (1948). La lucha no se trata únicamente del matrimonio igualitario o la adopción por parte de familias homoparentales o diversas. Las marchas y los constantes gritos por equidad y reconocimiento se cimientan en cosas tan básicas como, por ejemplo, el acceso a los servicios de salud que aseguren el cumplimiento del derecho fundamental a la vida. ¡Luchamos, no por estar entre ustedes, sino por pertenecer, por ser parte armoniosa de una sociedad diversa y móvil en donde todos seamos bienvenidos y tengamos cabida por igual!

Acerca del Autor: Julián Andrés Salazar


Médico egresado de la Universidad Javeriana. Experiencia en investigación con énfasis en accidentes ofídicos. Apoyo a programas sociales y comunitarios en el territorio nacional.

Activista por los derechos LGBTIQ+.


Instagram: @julians74

Twitter: @isterealjulsal


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